El bienestar en la cultura
Una mirada desde lo empírico y la episteme
Una mirada desde lo empírico y la episteme

Lectura, cárcel, no-lugar y prejuicio

Tiempo de lectura: 7 minutos

Situación de encierro

La propia situación de encierro genera en el interno una serie de conflictos psicológicos que le dificultan el contacto con los materiales de lectura.

Dr. Oscar Ricardo ORO. Director del Doctorado en Psicología Social en Universidad Kennedy

Según Altamirano Argudo , se registra una alta prevalencia de problemas de salud mental entre las personas privadas de libertad, como varios trastornos de diversa índole que se producen ante esta situación de encierro (trastornos de ansiedad, estrés, depresión) y patologías psíquicas previas que se intensifican y agudizan en la cárcel. Tal es así que la literatura científica corrobora que existe una mayor prevalencia de problemas de salud mental en la población reclusa respecto a la población general a nivel mundial. 

No lugar

Además del encierro, el recluso tiene que lidiar con el hecho de convivir en un “no lugar”, es decir, en un sitio de confusa y ambigua clasificación que perturba su comprensión, percepción y agudeza sensorial.

«Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos.»

Marc Augé

Entoces  si un lugar puede definirse de este modo, la prisión puede entenderse como un no lugar que engloba estos elementos en movimiento, en tránsito, con sujetos que constantemente pasan por allí para poder irse algún día, experimentando la sensación de convivir en un sitio invisible para los ojos del resto de los ciudadanos que funciona como una antítesis del lugar visible que muestra la sociedad.

Así, los reclusos están por fuera, en falso, estacionados en un abismo recóndito, percibiendo la ambigüedad de ser y no ser a la vez, sufriendo la pérdida de la orientación temporal y espacial que sienten inconscientemente.

Esta confusión y desconcierto sobre el tiempo y espacio genera en el interno una dificultad para la lectura y el aprendizaje, afectando y reduciendo la concentración y la dedicación que tendría si no estuviera privado de su libertad.

En ese sentido, las misiones educativas (ya sean de alfabetización, nivel primaria, bachillerato o secundaria y universitarias), que forman parte de la estructura que en las prisiones se conoce como educación formal, no suelen tener resultados favorables, ya que predomina una ineficacia e inexistencia de un plan gerencial unificado  que no contempla el grado de estrés y malestar que padece el interno en un contexto de encierro, inmerso en un (no) lugar lejano e invisible para el resto de la sociedad.

Alto nivel de analfabetismo

Los reclusos no solamente se encuentran en una posición desfavorable por la falta de acceso físico a las bibliotecas, sino que, a su vez, se le suma la desventaja del alto nivel de analfabetismo (absoluto o funcional o gramatical opor desuso o tecnológico) que predomina en la población carcelaria, como lo demuestran diversas fuentes estadísticas y demográficas, junto con el poco tiempo de escolarización, la carencia de habilidades para el trabajo intelectual disminuidas por su falta de ejercitación y la incidencia de un alto nivel de inestabilidad emocional o de deficiencias psíquicas.

Prejuicio

Otra dificultad muy significativa que obstaculiza el contacto del preso con la lectura es la existencia del prejuicio (tanto propio como externo), que desalienta el desarrollo cognitivo e intelectual del recluso al ser considerado desde varios sectores como un sujeto no merecedor de determinados derechos (como, en este caso, el acceso al aprendizaje).

Según Ackerman  el prejuicio es una pauta de hostilidad en las relaciones interpersonales, que se dirige contra un grupo entero o contra sus miembros individuales; cumpliendo una función irracional específica para quien lo sustenta.

Baron y Byrne interpretan que los individuos que mantienen un prejuicio hacia un determinado grupo social tienden a procesar la información referente a aquél de manera distinta a como manejan información respecto de otros grupos, con una actitud que implica sentimientos o afectos negativos que se activan cuando alguien piensa o se ve expuesto ante el individuo o grupo que es objeto de prejuicio 

Si bien no existe una relación lineal entre prejuicio y comportamiento, cuando la tendencia que implica la actitud negativa se hace manifiesta, se expresa con conductas discriminatorias. Allport afirma que gran parte del prejuicio es sólo cuestión de una ciega conformidad con las costumbres dominantes y está vinculada a una creencia excesivamente generalizada y por lo tanto errónea.

«Las personas que son conscientes o que se avergüenzan de sus prejuicios son también las que están en el camino de eliminarlos. En cambio, quienes están orgullosos de ellos raramente son capaces de ver más allá.«

Gordon Allport (1897 – 1967)

En esta conformidad de las costumbres dominantes, hay un cierto consenso generalizado que desacredita y prejuzga al recluso desde diferentes aspectos, argumentando que no debe tener contacto con los materiales de lectura, ya sea porque se lo define como un ser maligno y nocivo, irrecuperable, que no debe tener los mismos derechos que el resto de los ciudadanos en libertad; porque posee una limitada o nula intelectualidad y falta de comprensión lectora; porque directamente no cuenta con inquietudes intelectuales; porque es torpe y rudimentario; o porque el Estado no necesita invertir en los presos, entre otras consideraciones.

Frankfurter  expresa que la construcción del Otro social como caníbal-salvaje, demonio, malvado, perverso y siniestro se basa en un repertorio coherente de símbolos de inversión diagramados por el propio Estado para modelizar y ejemplificar, en la oposición, determinados rasgos tipificadores que no deben ser imitados por los sujetos en sociedad. Los prejuicios sobre los presos terminan arraigándose y penetrando muy hondo en los propios reclusos, quienes se autoconvencen de que no necesitan un desarrollo personal, cognitivo e intelectual.

Según Olivera , la cárcel se ha constituido en un lugar para estar mal y se adscribe al concepto de contención y depósito de seres humanos, en su mayoría hombres jóvenes, acusados y condenados, casi exclusivamente por delitos contra la propiedad.

Conclusión

En conclusión la prisión puede entenderse como un no lugar que engloba estos elementos en movimiento, en tránsito, con sujetos que constantemente pasan por allí para poder irse algún día, experimentando la sensación de convivir en un sitio invisible para los ojos del resto de los ciudadanos que funciona como una antítesis del lugar visible que muestra la sociedad. No obstante esta realida, se puede apreciar que todos estudios cientídficos que describen la existencia de las bibliotecas en las cárceles coinciden en que influyen positivamente en los reclusos y que son una herramienta clave para facilitar la reinserción social. Una buena lectura puede ayudar a transformar la realidad, a cambiar la actitud frente a la vida. Los libros permiten descubrir aquello que Frankl define como sentido de vida en aquellos individuos que no solo se ven privados de la libertad.

Referencias

Altamirano Argudo, Z. (2013). El bienestar psicológico en prisión: antecedentes y consecuencias. Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Psicología. Departamento de Psicología Biológica y de la Salud.

Augé, M. (2005). Los No Lugares. Espacios del Anonimato. Barcelona. Gedisa

Antonelli y Lugano. (2009). “Los “no lugares”, prisiones fascinantes”. Creación y Producción en Diseño y Comunicación. Año V, Vol. 20, Buenos Aires, Argentina.

Ackerman, N., & Jahoda, M. (1950). Anti-Semitism and Emotional Disorder: A Psychoanalytical Interpretation. New York: Harper

Baron, R.A. & Byrne, D. (2005). Psicología social. Madrid: Pearson-Prentice Hall.

Blanco, A., Caballero, A. & de la Corte, L. (2005). Psicología de los grupos. Madrid: Pearson Educación.

Allport, G.W. (1977). La Naturaleza del Prejuicio. Buenos Aires. EUDEBA.

Frankfurter, D. (2006). Evil Incarnate: Rumors of Demonic Conspiracy and Satanic Abuse in History. Princeton, NJ: Princeton University Press

Olivera, M.C. (2006) Las políticas penitenciarias y la realidad carcelaria bonaerense en un marco social de alta conflictividad. Trabajo final de grado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Román, A. (2019). Imaginarios sociales de exreclusos sobre la lectura y el sentido de la vida: la función de la biblioterapia en personas privadas de su libertad (tesis doctoral). Universidad Argentina John F. Kennedy, Argentina pág. 122 

Cómo citar este artículo :

Román, A. (2020). Lectura, cárcel, no-lugar y prejuicio [Día Mes, Año de la consulta on line] https://antonioroman.info/lectura-carcel-no-lugar-y-prejucio/