




Ahí comienza el deseo de leer.
En el proceso de alfabetización temprana no alcanza con enseñar sonidos y letras. Eso es necesario. Pero no es suficiente. Lo verdaderamente decisivo es despertar algo más profundo: el deseo de leer.
Ningún niño aprende a leer solo por obligación. Aprende cuando descubre que en los libros hay mundos que quiere conocer por sí mismo.
Y ahí la lectura en voz alta ocupa un lugar central. En una época dominada por pantallas que ofrecen imágenes cerradas y estímulos inmediatos, el libro de papel sigue siendo una experiencia abierta. Sentarse, abrirlo, escuchar la voz del adulto modulando cada frase, crear un clima de complicidad como si ambos se asomaran a una ventana donde ocurren los hechos… eso es una experiencia cognitiva y afectiva integrada.
Leer no es solo decodificar. Es construir sentido.
Como se desarrolla en Leer con el cuerpo: memoria, emoción y neuroquímica en la experiencia lectora, la lectura no involucra únicamente procesos visuales y lingüísticos, sino también memoria corporal, emoción y regulación neuroquímica. El acto lector integra cuerpo, cerebro y vínculo, configurando una experiencia encarnada que deja huellas duraderas en la memoria (Román, 2025a).
Leerle cuentos: el primer acto de amor lector
Cuando un adulto le lee a Esteban, ocurre mucho más que “escuchar una historia”:
- Se fortalece su capacidad de atención.
- Se amplía su vocabulario.
- Se estimula su imaginación.
- Se construye vínculo afectivo.
Desde la neurociencia sabemos que la lectura compartida activa simultáneamente redes del lenguaje, la memoria y la regulación emocional (Dehaene, 2014). Pero desde la biblioterapia comprendemos algo más profundo: el relato no solo organiza información, organiza identidad.
En Biblioterapia como herramienta interdisciplinaria, se sostiene que la lectura funciona como un dispositivo de construcción simbólica capaz de integrar experiencia, emoción y significado (Román, 2025b). Incluso en edades tempranas, el niño comienza a estructurar su mundo interno a partir de narrativas.
El cuento no es entretenimiento. Es matriz de sentido.
El poder narrativo de La abeja haragana


Leerle a Esteban La abeja haragana de Horacio Quiroga es una experiencia especialmente rica (Quiroga, 1918/2009).
El inicio captura su atención de inmediato:
“Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.” (Quiroga, 1918/2009)
Aquí aparece el primer movimiento biblioterapéutico: la identificación.
El niño se reconoce en la abeja. Todos hemos querido evitar el esfuerzo alguna vez. En la infancia, la identificación es principalmente emocional: el niño siente antes de analizar.
Luego surge el conflicto:
“En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacía tiempo, y que la culebra había elegido de guarida. Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por esto la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos: -¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz. Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo: -¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.” (Quiroga, 1918/2009)
Aquí aparece la tensión narrativa. Y con ella, el segundo movimiento: la catarsis.
Esteban siente miedo, suspenso, incertidumbre. Pero lo hace en un entorno seguro, acompañado por la voz del adulto. El cuento permite experimentar emociones intensas sin riesgo real. A nivel neurobiológico, se activan circuitos emocionales mientras la regulación está sostenida por el vínculo. El niño aprende algo esencial: las emociones pueden atravesarse.
Finalmente, tras la resolución del cuento, llega el tercer movimiento: la introspección.
“¿Qué hizo mal la abeja?”
“¿Qué podría haber hecho diferente?”
“¿Qué aprendió?”
Cuando el niño responde —aunque sea con frases simples— comienza a organizar moralmente la experiencia. El relato deja de ser externo y se transforma en aprendizaje interno. Este proceso coincide con la construcción de sentido narrativo descripta en tu modelo interdisciplinario (Román, 2025b).
En una sola lectura se activa el circuito completo:
Identificación → “Eso me pasa a mí.”
Catarsis → “Qué miedo cuando apareció la culebra.”
Introspección → “Si no hago lo que debo, puedo tener consecuencias.”
Este circuito es el núcleo biblioterapéutico. Y puede comenzar a los 4 años.

Del asombro al deseo de leer solo
Cuando el cuento termina, puede surgir una frase reveladora:
—“¿Lo leemos otra vez?”
O incluso:
—“Yo quiero leerlo.”
En ese instante nace la motivación intrínseca. La lectura con sentido genera una experiencia transformadora que impulsa al sujeto a apropiarse del texto (Román, 2025b). No es una exigencia externa. Es un deseo interno.
El niño comienza a asociar lectura con descubrimiento, suspenso, emoción y significado.
Y cuando aparece el sentido, aparece la autonomía.
Los cinco pilares de la lectura
A los 4 años no se recorren plenamente los cinco pilares de la lectura, pero se construyen sus cimientos:
Conciencia fonológica: escuchar “Es-te-ban”, dividir sonidos.
Principio alfabético: comprender que los sonidos pueden representarse con letras.
Vocabulario: ampliar el mundo semántico mediante relatos y preguntas.
Fluidez: reconocer palabras familiares con naturalidad.
Comprensión: explicar qué ocurrió y por qué.


Desde la biblioterapia agregamos una dimensión más profunda: cada pilar no es solo técnico. Es existencial.
La lectura temprana no solo prepara para la escuela. Prepara para interpretar la experiencia humana. El relato permite organizar la experiencia y proyectar sentido incluso desde edades iniciales (Román, 2025b).
El niño empieza leyendo su nombre. Termina leyendo el mundo.


Aprender a leer no es solo descifrar letras. Es querer comprender historias.
Cuando Esteban escucha La abeja haragana, se identifica, siente tensión y reflexiona. En ese momento ya está entrenando su arquitectura cognitiva y simbólica.
Ahí comienza la biblioterapia en su forma más pura: no como intervención clínica, sino como encuentro significativo con el relato.
Y cuando un niño descubre que en los cuentos puede verse, emocionarse y aprender, el deseo de leer ya no necesita empujones externos.
Ya está vivo.
Referencias
Dehaene, S. (2014). El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Siglo XXI Editores.
Quiroga, H. (1918/2009). La abeja haragana. En Cuentos de la selva.
Román, A. M. (2026a). Leer con el cuerpo: memoria, emoción y neuroquímica en la experiencia lectora. https://antonioroman.info/leer-con-el-cuerpo-memoria-emocion-y-neuroquimica-de-la-lectura/
Román, A. M. (2025b). Biblioterapia como herramienta interdisciplinaria: Un enfoque basado en logoterapia y psicología social para la salud mental. Universidad de Flores. https://doi.org/10.63790/978-987-710-128-7
Cómo citar este artículo:
Román, A. M (2026) Los primeros pasos hacia la lectura de Esteban .[Día Mes, Año de la consulta on line]